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El Montaraz que decidió ser Aragorn

Durante muchos años caminé bajo un nombre y un avatar que lo definia.

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Durante muchos años caminé bajo un nombre y un avatar que lo definia.

Era un apodo que me acompañaba desde la adolescencia, como un abrigo gastado pero fiel. Ese nombre me dio identidad en la red, me permitió compartir, aprender y crecer.

Era el de un Montaraz, alguien que vive en los bordes, que observa desde la distancia, que actúa cuando hace falta pero sin reclamar un lugar en el centro.

Así fui: con la energía de los 18 años, convencido de que tenía todas las respuestas, seguro de mi fuerza y de mis ideas.
Y, como Strider, nunca busqué ser más que un caminante.

Pero el tiempo transforma.

Ya no soy ese joven de pasos rápidos y mirada desafiante. Hoy cargo con más experiencias, más heridas y más preguntas que respuestas.
Aprendí que la vida no es solo blanco y negro: hay un hilo invisible que une esos extremos, y en él caminamos la mayoría.

He visto lo difícil que puede ser sostener siempre lo correcto y aprendí a respetar a quienes tropiezan.
Ahora sé que la madurez no está en no equivocarse, sino en volver a intentarlo con más sabiduría.

El cambio de avatar no es un gesto menor.

Es una decisión consciente de dejar atrás una etapa y abrir otra. Así como Strider decidió mostrarse como Aragorn, hoy yo también elijo dar un paso hacia adelante.

No busco coronas ni títulos.
No tengo certificados que validen cada paso.
Pero sí tengo acciones, proyectos y caminos recorridos.
Personas que, sin conocerme del todo, me respetan y me siguen por lo que hice y hago.

Mi cambio de avatar es la forma de decir:

“Quiero guiar. No porque me crea mejor, sino porque quiero brindarme y crecer con ustedes. Ahora está en la comunidad decidir si me sigue.”

No espero aplausos ni certezas.

Sé que habrá dudas sobre mi valía, sobre mis conocimientos o incluso sobre mis intenciones.
Pero acepto ese riesgo, porque el crecimiento verdadero no viene de quedarse en la sombra, sino de atreverse a la luz.

Espero que este camino sea un redescubrimiento, que me permita ofrecer lo que tengo y recibir lo que otros quieran dar.
Que no se trate de liderar desde arriba, sino de caminar junto a la comunidad.

No sé a dónde me llevará este viaje.

No tengo todas las respuestas, y me alegra que así sea. Porque lo importante no es la meta, sino el aprendizaje del trayecto.

Hoy dejo atrás al Montaraz. No porque me pese, sino porque ya cumplió su propósito.

Y acepto ser Aragorn:
no como rey ni salvador, sino como alguien dispuesto a dar un paso más, a arriesgarse, a mostrarse, y a seguir esforzándose por construir algo mejor, con quienes quieran acompañarme.

Este blog será parte de ese camino. Un espacio donde compartir no solo conocimiento técnico, sino también las preguntas, dudas y aprendizajes que surjan.

Si Strider fue la etapa de observar desde la distancia, Aragorn es el inicio de caminar juntos.

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